Fundada el año 379 por el mismo Sant’Ambrogio, patrón de Milán, como “Basilica Martyrum” (basílica de los mártires), guardaba las reliquias de los Santos Gervasio y Protasio. El mismo obispo fue enterrado allí después de su muerte, el día de Pascua del año 397. En 1126, un gran derrumbe obligó a realizar grandes obras que continuaron durante siglos hasta la obra de “restauración” del siglo XIX, que afectó considerablemente a la imagen definitiva de la basílica.
Curiosidades: En un lado de la plaza, frente a la basílica, se eleva una columna romana en cuyo fuste destacan dos agujeros creados -según la tradición- por los cuernos de Satanás durante un enfrentamiento con Cristo. Según la leyenda, todo aquel que pase cerca de la “Columna del Diablo” la noche de fin de año notará el olor a azufre.